Test Post 2

De qué formas os gusta que os traten y de qué otras no?”, pregunta Ignasi Marín, maestro de 5.º de primaria de la escuela Pau Casals de Rubí (Barcelona), a la docena de alumnos de entre nueve y diez años que se congregan a su alrededor. Y un círculo de manos alzadas se agita para pedir la palabra. Cada respuesta de los niños va acompañada de una nueva pregunta del profesor. El maestro no se conforma con saber que a uno de sus alumnos le gusta que lo traten bien, con respeto, sin que le griten. Que a otra no le agrada “cuando otros niños hacen tonterías”. O que otra prefiere que las personas sean consecuentes y la traten de la misma manera que quieren que lo haga con ellas, “que no tengan un discurso para después hacer lo contrario”.

Al docente no le basta porque quiere que además puedan retratar sus respuestas a través de ejemplos de su vida cotidiana. Quiere –les dice– que también acompañen su respuesta al qué con otras que expliquen el porqué. Por qué te gusta eso y no otra cosa. Por qué crees que te hace sentir de esa manera. Quiere que se cuestionen; que argumenten; que profundicen. Que puedan redundar en aquellos motivos que explican sus afirmaciones. El maestro quiere que sus alumnos hagan filosofía.

Filosofía para Niños no es una clase de filosofía tradicional. No es una hora curricular para aprender conceptos desarrollados por las grandes mentes de la disciplina. Es un espacio que asume la modalidad de taller y que pretende ser transversal. “No es un trabajo específico, sino que se traslada a otras asignaturas donde se utiliza la misma estrategia: hacer buenas preguntas para que ellos lleguen por sí mismos a una conclusión”, explica Rosana Martín Rodríguez, jefa de estudios de la escuela Pau Casals.

Add your comment

Your email address will not be published.